te amo / te estoy amando.
Cada vez que me defino, me cierro. Cada vez que me dejo en proceso, sigo viviendo.
Cuando aparece la etiqueta
Este tema me ha estado tocando la cabeza mientras pienso en esas conexiones humanas que nos marcan —esas que llegan sin avisar y nos obligan a vernos a nosotros mismos con más claridad. Cuando conocemos a alguien y la conexión es profunda y auténtica, las cosas se sienten simples, hay amor, hay presencia, hay ganas de estar, de compartir, de conectar, y todo eso ocurre de manera natural, sin esfuerzo. En ese punto, el amor se demuestra solo, no necesita explicarse ni definirse.
Pero con el tiempo, algo empieza a moverse por dentro y es ahí donde entra el ego, no de una manera evidente, sino a través del control. Pareciera que cuando hay amor también aparece la vulnerabilidad, y junto con ella la necesidad de asegurar, de sostener, de no perder. Entonces surge la idea de etiquetar la relación, por ejemplo, llamarla noviazgo, decir que ya somos algo, y esa etiqueta parece dar seguridad, pero también empieza a cambiar la dinámica sin que nos demos cuenta.
El peso que no se nota
Cuando ponemos una etiqueta a la relación, cae un peso entre las dos personas, no porque alguien lo imponga directamente, sino porque la etiqueta trae consigo un deber invisible. Las cosas empiezan a hacerse no porque nazcan del amor, sino porque “tocan”, porque así se supone que debe ser. Contestar, estar disponible, hacer espacio, cumplir expectativas, y poco a poco el amor deja de ser expresión y se convierte en obligación.
No es que el amor desaparezca, es que deja de ser libre. Se vuelve difícil decir no, se vuelve difícil moverse desde la autenticidad, y sin notarlo, empezamos a responder más a la etiqueta que a lo que realmente sentimos. El ego funciona así, le gusta identificarse, porque a través de la identificación siente control, y muchas veces esa es la razón inconsciente por la que buscamos formalizar una relación.
Elegir en lugar de deber
Desde un lugar más consciente, me di cuenta de algo importante sobre lo que quiero en mi vida y en una relación. No necesito ser novio de alguien ni etiquetar el vínculo para amar, lo único que realmente quiero es amar a una persona y que ese amor sea correspondido desde la elección, no desde la obligación. Que no haya una etiqueta no significa que no haya compromiso o acuerdos, al contrario, pueden existir acuerdos de respeto, de cuidado, de responsabilidad, pero ya no sostenidos por un rol, sino por una decisión diaria.
Cuando el amor se elige, se vuelve más auténtico, más verdadero, y el amor incondicional se hace más visible, porque no está atado a una forma específica, sino a la presencia.
Estancamiento/Movimiento
Algo muy parecido me pasó hace un par de años con otro aspecto de mi vida, cuando lancé Serns. En ese momento, sin darme cuenta, me definí diciendo que estaba despierto, y aunque parecía algo positivo, esa definición creó un límite. Las palabras tienen poder, y al decirme a mí mismo que ya estaba despierto, dejé de moverme, dejé de expandirme, y todo se empezó a estancar. Durante un tiempo sentí que ya no aprendía, que ya no crecía, hasta que entendí que no estaba despierto, sino despertando.
Ese pequeño cambio lo transformó todo, porque me devolvió la humildad y el movimiento, ya no había una identidad que sostener, solo un proceso que vivir. Y desde ahí entendí algo más profundo sobre el amor.
De “te amo” a “te estoy amando”
Cuando decimos “te amo”, muchas veces lo hacemos desde una experiencia específica, desde una imagen de la persona, desde lo que nos hizo sentir en un inicio. Pero las personas cambian, se muestran con el tiempo de maneras más reales y más completas, y ahí es donde a veces aparece el conflicto, porque seguimos aferrados a lo que amábamos antes.
En cambio, cuando digo “te estoy amando”, el amor se vuelve un proceso continuo, algo que está ocurriendo ahora, no algo que quedó fijo en el pasado. Es un amor que se abre a todas las posibilidades, que no se limita a una versión de la persona, que no se estanca en un momento. Es amar mientras se ama, aprendiendo, eligiendo, sin necesidad de encerrarlo en una definición.
Y desde ahí, el amor deja de ser una idea y vuelve a ser una experiencia viva.
Aclaración necesaria
No se trata de que esté mal decir “te amo”. Las palabras, por sí mismas, no son el problema. Lo que cambia es el lugar interno desde donde se dicen. No hablo de sustituir una frase por otra, sino del mindset, de la programación desde la que nos vinculamos. Puedo decir “te amo” sabiendo que estoy amando, es decir, desde un lugar consciente, presente y abierto al proceso. La diferencia no está en la palabra, sino en si el amor se vive como algo fijo o como algo vivo. Cuando sé que estoy amando, incluso el “te amo” deja de ser una definición y vuelve a ser una expresión.
Cuando el amor se define demasiado, se estanca.
Cuando se vive como un proceso, fluye.
Me di cuenta de algo muy simple y muy honesto para mí. No necesito etiquetar una relación. No necesito ser novio de nadie. Lo único que realmente quiero es amar a alguien y permitir que ese amor exista sin peso. Porque cuando el amor no está sostenido por una etiqueta, se vuelve más auténtico, más libre y más sano. Se vuelve elección consciente.
Las etiquetas no son el problema en sí, pero muchas veces son el medio que usa el ego para sentirse seguro, para tener control. El compromiso real no nace de una palabra ni de un rol, nace del amor verdadero, del respeto, del cuidado y de la libertad que das y que también recibes. Nace de elegir estar, no de sentir que debes estar.
Cuando amas desde ese lugar, entiendes algo importante: pase lo que pase, tú sigues completo. Tu valor no depende del otro. Tu felicidad no depende del otro. La relación deja de ser un lugar de supervivencia y se convierte en un espacio de encuentro.
Liberarte de las etiquetas te da la libertad de expresarte de verdad dentro de un vínculo. Y es bonito darse cuenta de que lo que haces por alguien, tu entrega, tu cuidado, tu amor, no vienen de un rol, sino de un lugar genuino. Dar amor sin garantías puede dar miedo, pero cuando lo encarnas, se siente real. Y eso, al menos para mí, resuena profundamente conmigo.
No dejé de amar.
Empecé a amar sin paredes. Pablo Serna
te amo / te estoy amando.
Cada vez que me defino, me cierro. Cada vez que me dejo en proceso, sigo vivo.
CRECIMIENTO PERSONALEXPANSIÓN
Pablo Serna
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